<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-7252554915628563380</id><updated>2011-08-02T10:19:04.001-07:00</updated><title type='text'>VI EXHORTACION SEMANA SANTA</title><subtitle type='html'>______________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________________</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://prendidoenubedavexhortacion.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7252554915628563380/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://prendidoenubedavexhortacion.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Prendido en Úbeda</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14113236419952578930</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>1</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7252554915628563380.post-659698689392950209</id><published>2010-04-19T14:42:00.000-07:00</published><updated>2010-04-19T14:53:55.656-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>INTRODUCCION&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Quiero comenzar este acto dándote las gracias por tus palabras de presentación hacia mi humilde persona Eduardo. No te considero un amigo, sabes de sobra que para mí eres un hermano que conocí entre los callejones de la Luna y el Sol cuando la adolescencia comenzaba a silbarnos la primera marcha de nuestras vidas. Tú eres quien mejor conoces al cofrade que llevo dentro. ¿Cuántas veces hemos compartido largas charlas sobre la cantidad de gotas de cera que tenía que derramar un cirio; la conveniencia o no de que esas flores estuvieran más o menos abiertas sobre la peana de un trono o qué tipo de incienso repartía en la calle Nueva esta o aquella cofradía? ¿Cuántas cintas de vídeo con procesiones de Semana Santa hemos jubilado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son tantísimos los momentos que hemos compartido que resulta complicado no imaginarnos disfrutando juntos de una procesión en nuestra querida Úbeda. Fuiste la persona que me incitó una de tantas noches de vísperas cofrades, ante la ausencia de algunos hermanos nazarenos, a llevar a Jesús en su primer traslado sobre hombros cofrades ubetenses desde la Iglesia de San Pedro hasta la Trinidad para celebrar el comienzo de las vísperas en su tradicional novena, una honra que guardo con muchísimo orgullo y que hizo florecer el espíritu costalero bajo mi Cristo Prendido. También me dijiste más de una vez que, algún día no muy lejano, yo ocuparía este atril y exhortaría a todos los cofrades a vivir la Semana Santa de nuestro pueblo como a mí me narraba el interior de mi pecho. Y como no, para variar, has llevado la razón, y aquí estoy. Gracias por tu confianza, tu compañía y, sobre todo, por tu amistad Eduardo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA TORRE DE IBIUT&lt;br /&gt;Cuentan las viejas ruinas de las eras del Alcázar que una tibia mañana del amanecer de los tiempos un descendiente de Noé llegó a una diáfana y pequeña loma que se miraba en el cristal del Valle del Guadalquivir con los primeros rayos de sol. En un pequeño llano, prendados por las vistas que desde allí se contemplaban, Ibiut, que así se llamaba el Rey, erigió una esbelta torre donde defendería el eterno paraíso terrenal que acababa de descubrir. Años más tarde, Ibubeda, celoso del territorio que su hermano acababa de dominar, conquistó la Torre de Ibiut junto con todas sus tierras colindantes, dando nombre desde entonces a nuestra Úbeda.&lt;br /&gt;Queridos Hermano Mayor de la Cofradía Sacramental y Hermandad Salesiana de Nuestro Señor Jesucristo en Su Prendimiento, María Santísima del Auxilio, San Juan Evangelista y San Juan Bosco, miembros de la Junta de Gobierno, hermanos y amigos todos:&lt;br /&gt;¿Alguno de vosotros ha visto alguna vez esa torre? ¿Esa semilla que ha dado como fruto este inmenso jardín llamado Úbeda? ¿Esa torre madre que ha protegido y permitido que sus hijos ubetenses puedan vivir en la tierra más hermosa que Dios Padre haya podido crear? ¿Esas piedras, ya desaparecidas, antepasadas de todas las maravillosas obras de arte que hoy podemos contemplar?&lt;br /&gt;Pues yo la he sentido durante veinticuatro veces en mi vida, y si Dios quiere dentro de solamente una semana volveré a sentirla.  Hay veces que un pueblo se pasa casi todo un año sin sentirse en absoluto, y de pronto toda su vida se concentra en un solo instante, y eso le ocurre a Úbeda en ese momento en el que comienza la Semana Santa amigos. Úbeda se ve a sí misma, se recuerda, revive y anhela, se siente por fin Úbeda y respira su vida en Semana Santa: siente a Ibiut elevando su torre, siente los rezos ante el mihrab de la Mezquita musulmana, siente al Rey Fernando dando gracias a San Miguel Arcángel, siente a Juan Martínez levantando una gavilla y encontrando a la Virgen de Guadalupe bajo ella,  siente las “calenturillas” de Juan de la Cruz, siente el humo de los hornos de San Millán y los capachos de aceitunas sostenidos en cansados burros traspasando la Puerta de Toledo.&lt;br /&gt;Dentro de poco Úbeda puede ver de nuevo su leyenda desde sus comienzos, y cada uno de nosotros ubetenses, cuando llega nuestra Semana Mayor, necesitamos formar parte de esa historia, y venimos a nuestra ciudad para sentirla de nuevo como nunca antes la hemos podido sentir. Cuando Úbeda recibe a sus hijos en estas fechas yo puedo imaginar toda sus vivencias en cada molécula de aire que respiro de ella, y por supuesto, puedo ver a la Torre de Ibiut levantarse erguida y robusta con cada una de sus piedras repartidas en el alma de cada paisano mío y que guarda en el interior de sus recuerdos. No hay nada más grande en nuestra bendita ciudad, no hay nada que nos haga sentir más ubetenses, no hay nada que nos una tanto entre nosotros ni  ninguna fecha en la que queramos estar, vivir y querer a Úbeda, sí o sí, valga lo que valga y cueste lo que cueste, como en Semana Santa. &lt;br /&gt;Pero tranquilos paisanos, ya queda poco, casi podemos tentar nuestra Semana Grande con la yema de nuestros dedos. Ya vivimos  un sueño en el  que todo el año creemos. Ya navegamos con el pescador de almas en su velero. Las vísperas nos van dejando y ya es nuestra:&lt;br /&gt;¡Ya es nuestra! ¡Ya es nuestra!&lt;br /&gt;Esa Semana que comienza,&lt;br /&gt;Que airea de penitencia,&lt;br /&gt;Las calles de nuestro pueblo.&lt;br /&gt;Lucid vuestros mejores galones,&lt;br /&gt;Palacios, iglesias y balcones,&lt;br /&gt;Que vuestras piedras ya están latiendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ya es nuestro Úbeda!&lt;br /&gt;El redoblar de ese malagueño&lt;br /&gt;que desde tu seno quiso ir al cielo&lt;br /&gt;y de las gubias era el dueño.&lt;br /&gt;En la torre Santo Domingo &lt;br /&gt;Las lascas en sutil vuelo&lt;br /&gt;Aún tienen de cedro su nido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ya es nuestra Úbeda!&lt;br /&gt;Dejad libre vuestra infancia inquieta&lt;br /&gt;Atajando por las aceras y las calles,&lt;br /&gt;Escuchando los sonidos de cornetas,&lt;br /&gt;Buscando el olor del incienso,&lt;br /&gt;Y que vuestro corazón estalle&lt;br /&gt;Porque es ahora cuando está sintiendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ya es nuestra!&lt;br /&gt;Que Jesús deja la Lonja de la Trinidad,&lt;br /&gt;Con toda su divina majestad,&lt;br /&gt;Elevado sobre el Santo Borriquillo,&lt;br /&gt;Eclipsando al sol que le refleja,&lt;br /&gt;Entre la vieja forja de las rejas,&lt;br /&gt;De las ventanas de los portalillos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ya es nuestra! ¡Ya es nuestra!&lt;br /&gt;La embriagadora fragancia del Claro de San Isidoro,&lt;br /&gt;Cuando de repente se forma un mudo coro&lt;br /&gt;De Desconsuelo y de Caridad.&lt;br /&gt;Que el “Mellao” deje de amarrarle,&lt;br /&gt;El jueves santo por la tarde,&lt;br /&gt;Con el negro luto y el cardenal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ya es nuestra!&lt;br /&gt;La Paz de ojos azules del Resucitado&lt;br /&gt;abriendo sin sangre en sus manos&lt;br /&gt;el Sagrario de la Capilla del Deán.&lt;br /&gt;Mientras, con sus discípulos en el altar&lt;br /&gt;El Señor a su última Cena nos quiere invitar&lt;br /&gt;A la sombra de la Luna de Nisán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ya es nuestra Úbeda!&lt;br /&gt;La redención de ese Mesías,&lt;br /&gt;Que en su eterna misericordia,&lt;br /&gt;Quiso darnos todos los días&lt;br /&gt;Este pueblo y sus momentos,&lt;br /&gt;El resplandor de esta bendita gloria,&lt;br /&gt;Entre olivos y renacimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ya son nuestras!&lt;br /&gt;Esas almas por lágrimas florecidas,&lt;br /&gt;¡Ya es nuestra!&lt;br /&gt;Esta fe en tu llama derretida,&lt;br /&gt;¡Ya es nuestra! ¡Ya es nuestra! ¡Ya es nuestra!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL GEN COFRADE&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como todos vosotros sabréis hermanos, la Semana Santa modifica sus fechas cada año según acuda la luna llena en la primera semana de cada primavera. Una vez sabida esta información los ubetenses tenemos claro que el firmamento de estas latitudes tiene la dicha y el privilegio especial respecto a todo el planeta Tierra de poder ver a este astro en plenitud todas las semanas de todo el año y que, en Úbeda, está brotando la primavera siempre a pesar de que truene o nieve. ¿Por qué? Es muy fácil y sencillo: En Úbeda es Semana Santa todo el año, y no es que lo diga yo, lo dice todo un pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los agnósticos, ateos o cristianos poco cofrades, en definitiva, aquellos que no saben palpar bien los ricos manjares que se le ofrecen, dicen que no acaba de nacer el Niño Jesús en el portal y los cofrades ya estamos deseando verlo encima de un paso en su Pasión. Y bueno, sinceramente, tienen en parte un poquito de razón, porque no me podréis negar que nada más llegar Baltasar  al pesebre de Belén junto con Melchor y Gaspar, y dejarle el incienso a los pies del recién nacido, más de uno está ya escondido detrás de la mula y o el buey, con la mano izquierda manchada de negro del carboncillo, y la derecha con un mechero para encenderlo y meterla rápidamente en el frasquito de incienso que el pobre Baltasar acaba de dejar. Decidme que no. Además, es normal, tras la Epifanía Úbeda (como han dicho muchos autores) tiene que oler a incienso y claro, encima es incienso del bueno, del de los Tres Reyes, como para contenerse y estarse “quietecico”. Y es que a Úbeda le gusta más una procesión que a nuestro entrañable hermano y amigo Pepe “El Loro” un cartel con santos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada ubetense tiene una procesión recorriendo su itinerario por sus venas y haciendo puntualmente Estación de Penitencia en su corazón cada día. Todo esto viene en los genes, son ritos y tradiciones aprendidos en la pizarra de la placenta de nuestras madres y que nos unen con su cordón umbilical a nuestras antiguas y rancias raíces. Esos minúsculos y escondidos genes han hecho, hacen y harán el resto. ¿Es que hay algo más bonito que esperar cuando sabemos que esa espera nos traerá la plenitud interior y la felicidad completa? ¿Merece la pena aguardar ese Domingo de Ramos en una calurosa tarde de verano? ¿Merece la pena soñar y seguir soñando con los ojos abiertos unas realidades que acerca el tiempo con sus ilusiones y recuerdos? ¿Merece la pena esa pasión interior sin freno? Que no se articule ni una sola palabra de vuestros labios, que hable aquello que siempre conversa con las razones que la razón no conoce, y que respondan sin altibajos las sílabas de los latidos que se oyen,…. Todos los hemos escuchado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero, ante todo, yo soy costalero de ese Señor Prendido por la gracia de Dios y hasta que mis fuerzas lo permitan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“ Porque no hay corona más preciosa que la que mis hermanos con un costal blanco sobre mi cabeza me posan.&lt;br /&gt;Porque sobre mi cuello elevo al Rey de los Reyes y de Salesianos para que todo el pueblo de Úbeda le rece y  siga sus temblorosas manos.&lt;br /&gt;Porque si con el sudor de mi frente alivio su sufrimiento y su agonía ¿qué más puede pedir este humilde siervo si para mí no hay mayor alegría que ofrecerle el aire de mi aliento?&lt;br /&gt;Porque el mar de sus ojos abiertos invitó a mi barca a buscar una cruz en su puerto y al surcar el horizonte encontré la luz que se dibujaba desde un huerto. Y me fijé a la séptima trabajadera para que la noche de cada Miércoles Santo no se sintiera afligido y abandonado  cuando la turba de Jerusalén le prenda como a un miserable esclavo. Porque mi corazón se estremece con el golpe fugaz que Juan Pablo moldea con su voz de capataz cuando la noche cerrada abre su ventana con olores a incienso y cera quemada.&lt;br /&gt;Porque no me quiero separar de tí Mi Cristo Prendido, no quiero que estos sentimientos  que llevo tan adentro se los lleve con mi vida el tiempo, no me hago la idea de no poder en estar en Getsemaní  contigo,  Mi Señor Jesucristo en Su Prendimiento.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;VIVENCIAS DE NIÑO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde que tengo uso de razón creo que mi corazón siempre ha estado marcado de costero a costero por el compás de las manijas del reloj que situaban el comienzo de esta divina tradición llamada Semana Santa. La verdad es que mi amor por todo lo relacionado con las Cofradías de mi querida Úbeda es una verdadera incógnita, pues al contrario de lo que normalmente suele suceder con cofrades de reconocida raigambre y compromiso mis queridos padres no tienen ninguna vinculación con la Semana Santa ni la Iglesia, ni son hermanos de ninguna Hermandad, ni siquiera ven todas las procesiones que hacen su recorrido penitencial. Para ellos la Semana Santa es un época más del año, con mucho gentío en las calles y con gran ambiente, pero nada extraordinario la verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo que sólo había dos momentos a los que mis padres le gustaban ir especialmente en Semana Santa: mi padre pertenece y siente gran pasión por el benemérito cuerpo de la Guardia Civil; le encantaba y le encanta desplazarse todos los Viernes Santos a mediodía a la Corredera de San Fernando, cuando el Cristo Expirante y su madre María Santísima de los Dolores aparecen bajo la hornacina de San Juan de Mata y la Banda de la Academia de la Guardia Civil de Baeza le dedica sus imponentes sones y empieza a desfilar tras los pasos de la preciosa dolorosa trinitaria. De hecho aún guarda un pequeño diploma que le entregaron cuando consiguió su plaza militar y le acredita como hermano de la Expiración por la estrecha vinculación existente entre esta institución y la hermandad. A mi madre la recuerdo en dos momentos: el primero bajando agarrado de su mano la noche del Lunes Santo por el casco antiguo para ver a una de las imágenes que más le gustaban, a Nuestra Señora de Gracia: la belleza incontestable de la imagen que gubiara Ramón Cuadra, la exuberancia del exorno floral del paso, su itinerario plagado de sabor añejo y las pequeñas campanillas que tintineaban desde las caídas del palio cuando la paseaban sus hermanos costaleros ofrecían una estampa que a ella le encantaba recordar de nuevo cada año. De hecho mi hermano Jesús y yo somos cofrades de esta Hermandad mariana por voluntad y propia iniciativa suya desde hace casi trece años. El otro momento se encuentra en el atardecer del Viernes Santo en el Barrio de San Millán, el barrio en el que ha vivido gran parte de su vida, cuando la Soledad sube la Cuesta de la Merced y en la Fuente Seca recibe la compañía del pueblo ubetense. Si con sólo esas pocas vivencias de mis padres ya he salido así, ¿Qué habría sido de mí si ellos hubieran sido un “un poco cofrades”?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Desde mis recuerdos en gardenias de inocente niñez, San Millán me enseñó los valores de la humildad y la sencillez, la constancia en el trabajo, su crepúsculo y su amanecer.  Y me susurró que en el aire vivía una vecina, en el Convento de la Merced, y que el pueblo todos los días a su mirada acudía para regalarla su querer. Su estirpe era de ladrillo cocido en la calle Valencia y su historia en barro primaveral se moldeaba entre manos de arte y penitencia. San Millán me confesaba, que a pesar de estar de gente rodeada, siempre estaba sola en su morada. Llevaba viviendo así desde hace cientos de años, pues por un injusto castigo, a su hijo vilmente mataron y siete espadas de plata en su corazón se clavaron. Ella se llama Soledad, y el barrio entero ha querido, con sus abuelos, sus padres y sus hijos, que esa mujer de tez morena repleta de amargura y llena de pena, sea de sus vidas el talismán, la madre de todo el arrabal: la Reina de San Millán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace mucho tiempo que ya no contemplo cada mañana la luz sanmillanera que se colaba entre las ventanas, ni las hojas de parra que abrazaban las barandas, ni la azotea por la que me asomaba mientras jugaba con sus ramas, el repique del bronce cuando sonaban las campanas, el olor a leña quemada sobre la oscuridad estrellada. Apenas sé si hoy día todo sigue igual que antes o si por el contrario todo es diferente. Pero sí sé que en una cosa no hay contraste: cuando me encuentro de nuevo la cruz de hierro de frente, siempre veo a mi barrio con el hábito de penitente, siempre veo unos costaleros vestidos de fuerza y alarde, siempre que llego otra vez es Viernes Santo por la tarde”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;San Millán no quiere dejarte sola Madre, ¿cómo te van a dejar sola a ti después de todo lo que les has dado? Saben que dentro de poco un ejército enlutado con capas de raso y blanca gola llamará con sus hondos timbales la puerta de la muerte para postrar a tu hijo sobre la losa yacente. Además, hace cientos de años quisieron unos extraños llevarte a San Nicasio, alejada de tus torres y fuera de tu espacio, y tus hijos en cruzada durmieron la madrugada para liberarte de tu rapto. ¿Cómo te van a dejar a ti con lo que les has dado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la tarde del viernes santo tus hijos te visten de Señora, te coronan de estrellas y tus sienes te doran, te bajan media luna para que descanses en su loma, te visten con manto y saya de oro y un manípulo te colocan para que limpies ese lloro que de tus ojos explota. Y hacen de las calles un altar y un dosel de las murallas, para que Úbeda entera te pueda contemplar y se rinda ante el fervor de tu belleza en esta batalla. Y repica una campana con el golpe del martillo para que bailen los pétalos y te manden besos los chiquillos. Y te rezan con lamentos de herencias con dolor al suave viento. E iluminan tu sendero con el brillo de tulipas que se deslizan en reguero. Y la cuesta de la Merced se hace un camino de hombros en vuelo y el Arco del Losal la puerta de tu cielo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora desde la calle Valencia hasta la Cruz de Hierro tú, Soledad, te vas derramando. Ya no hay formalismos ni mandamientos cuando la pasión va por tientos de saetas y poesías embriagadas de sentimientos. Hoy Úbeda es historia y devoción; arte, cariño y piedad; memoria y tradición; hoy Úbeda eres tú: Mi Virgen de la Soledad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y es que mi vida siempre ha girado en ese torno de sensaciones que encierra la Semana Grande. Desde pequeño, cuando apenas tenía uso de razón,  veía en los brazos de mis padres a la deslumbrante legión romana que encabezaba el cortejo del  Señor de la Humildad o el rostro esquivo de Judas en la Santa Cena y lo único que hacía era preguntar: “Papá, ¿por qué no mira a Dios?”. Y me respondían: “porque es Judas y él era malo”, a lo que replicaba: “¿y por qué era malo?”, -“pues Javi porque engañó al Señor”,- “¿y por qué le engañó?”, - “pues porque le vendió”. “¿y por qué le vendió?”, “pues porque sí Javi, porque sí, mira la procesión”, “¿y por qué sí?”… y la paciencia infinita de mis queridos padres se empezaba a agotar; he de reconocer que tenía que ser tela de cansino. Aunque bueno, más pesado resultaba cuando recién acabada la Semana Santa aparecía en el cuartel de la Guardia Civil de Peal de Becerro con mi recién comprado tambor de plástico con palillos verdes de los carrillos de la plaza a dar vueltas por el patio cuadrado que repartía las viviendas de las familias de los guardias. A las cuatro de la tarde, después de comer, el chache se bajaba a pasar su particular revista a la siesta de mis vecinos bajo los redobles del “Chato con la Nariz” o “Palilleras”, y bueno, por lo menos conseguía que a esas horas todo el mundo estuviera firme y dispuesto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero si algo guardo con especial nostalgia en la senda del tiempo que he dejado atrás son las madrugadas de un niño cofrade que se tapaba con las sábanas moradas del viernes santo. Era un ceremonial sencillísimo pero, que aún hoy cuando lo rememoro, me sigue poniendo la piel de gallina. Los bombos huecos de la Buena Muerte retumbando sobre la nave de la Iglesia de Los Carmelitas me acompañaban mientras bajaba por el Cristo del Gallo hacia mi casa en la calle Gardenia. Aún no marcaba el reloj las once de la noche y estaba deseando, a pesar de que nunca me ha gustado madrugar ni siquiera para ir al colegio, de llegar a mi dormitorio, ponerme el pijama y acostarme lo más temprano posible en mi cama para que en el tempranero día que me esperaba la red del sueño no pudiera con mi inquietud y mi cita con el Señor de Úbeda. Sobre las 6 y poco de la fría mañana, aún bajo el dosel de la noche y poco antes de la aurora, mis queridísimos abuelos daban unos leves golpecitos, primero al cristal de la ventana de mi cuarto que daba a la calle y después, por si acaso aún no me había dado cuenta de su presencia, a la puerta azul que daba a la calle. Me levantaba raudo y veloz, con celeridad y a prisa, apenas me daba tiempo a vestirme, lavarme, abrigarme, tomarme un vaso de leche sin calentar… no veía el momento de volver a verlos a los dos otro año más al otro lado de la puerta, sobre la acera, esperándome para ir a la Consolada a ver a Jesús. Ahí estaban de nuevo mirándome los dos, regalándome sus besos, mi abuela encogidita de frío bajo su chaquetón marrón agarrada al brazo de su querido marido, con las manos en los bolsillos y metiéndome prisa para no perder el sitio.  En esos momentos no había niño más feliz en este mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y es que en Úbeda hay una imagen, algo relativamente extraño respecto a otras zonas de Andalucía, que no se la conoce por su advocación a pesar de ser la que mas  devoción alberga en su pueblo. En Sevilla por ejemplo el Señor y su Santa Madre se llaman Gran Poder y Macarena; en Málaga Cautivo y Esperanza;  en Granada Favores y Angustias o en nuestra capital El Abuelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Úbeda no hay más dudas, somos más sencillos, no hay que aprenderse  ni títulos ni jaculatorias ni letanías. Vamos a ver: ¿Cómo se llamaba el Mesías?, ¿Cómo se llamaba Dios?, ¿Cómo se llamaba el Señor? Pues no hay nada más que decir. Para Úbeda sólo hay un nombre para darle a Dios, al Señor, al Mesías. Es la advocación por excelencia y la que más fervor ha ido germinando a través de los siglos de los siglos.  Úbeda cree en esa imagen que lleva la cruz a cuestas por encima de todas las demás cosas. Lleva la advocación de Nazareno, pero en Úbeda lo conocemos y lo rezamos por su nombre: Jesús. Jesús. Jesús tan sólo. Para los ubetenses Jesús es el Alcalde perpetuo, nuestro Hijo predilecto, la estampa de la Fiesta Principal que guardamos en el taquillón del dormitorio o en el plástico de nuestras carteras, el azulejo que bendice nuestros balcones o la imagen que guía nuestro volante en nuestros coches. Es nuestro patrón sin título, el patriarca eterno de nuestras familias, nuestro confesor permanente, el protector de nuestro escudo y el baluarte de nuestras almas. El Nazareno de Galilea, es,  en Úbeda, Jesús.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Úbeda se  levanta más temprano que de costumbre; son las 7 de la mañana cuando la luz morada del amanecer entre su telón de estrellas se cubre.  ¿Dónde va ese río de gente bajando el Real  y el Paseo  “Mercao”, si sus adoquines y sus grietas aún no han despertado? Ese caudal de corazones va sorteando los callejones entre  promesas y emociones. Hoy buscan al vigía, al sol de los soles y a la luz divina, que a través de los tiempos, ha guiado a sus mayores. Son afluentes que buscan su mar, recuerdos que nacen del olvido, sangre que corre en estallido por las venas de esta ciudad que brota en manantiales cuando su perfil ve pasar. Este Rey con corona de espinos y trono en el Llano de Santa María, guarda en su espiga de oro, sus llantos, sus milagros y sus alegrías. Fuente de agua de lluvia bendita que has sembrado los campos de lágrimas antaño; sacia la sed de tu pueblo que levita, por ver a su Cristo como cada año.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tres llamadas a la historia de la mezquita cristiana, tres llamadas al portón de nuestra Semana Santa para que un haz de luz ilumine la cara del lucero del alba. Silbad luto de golondrinas, el nacimiento del Dios que Mágina quiere, mientras la brisa de vuestras alas, acarician las notas del Miserere. ¡Limpia su cara Verónica, que sus llagas muestran el sacrificio que el Cordero del Padre asume por nuestros pecados y maleficios! Y Jesús, siempre Jesús, el Galileo, asoma la agonía de su mirada, con nuestra cruz al hombro y su cara atormentada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cruza la Consolada un reo sin consuelo. Cruza la Consolada el Señor de Úbeda: Jesús el Nazareno.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL COFRADE EN EL SIGLO XXI&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es fácil ser cofrade en los tiempos que corren hoy en día. El siglo XXI nos trae consigo unas vertientes sociales e intelectuales que nada tienen que ver con la moralidad que respiraban los cristianos de las primeras cofradías de la Edad Media o, sin ir más lejos, de la primera mitad del siglo pasado. En esas épocas anteriores el cristianismo tenía un papel protagonista en todos los ámbitos vitales que rodeaban el día a día de la sociedad y el pertenecer a una cofradía o hermandad era algo de lo que se podía presumir, una opción que rebosaba orgullo y que casi era obligada para tener un buen posicionamiento en el sistema imperante en aquellos momentos. Eran tiempos de bonanza para el cristianismo y, consecuentemente, para las cofradías y los cofrades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amigos, hoy veintiuno de marzo de dos mil diez, no está de moda ser cristiano ni cofrade, al contrario, se duda de todo lo relacionado con Dios, parece que estamos anquilosados en el pasado, nos vinculan con corrientes que ni algunos siquiera sabemos que existían ni conocíamos,  no tenemos ese aire “progre” atractivo que te exige la moda, no somos personas que estemos al corriente de los cambios que sufren los que nos rodean y nos identifican con una congregación de fieles con muy mala prensa en la actualidad: nuestra Iglesia. Y, la verdad, hay veces en que es conveniente entonar el “mea culpa” en este sentido y ver nuestros propios errores, pues somos nosotros mismos los que no sabemos defendernos, incluso las piedras que nos colocan en el camino de nuestra fe nos las tiramos sobre nuestro propio tejado. Debemos de ser conscientes de nuestras pifias, de los fallos que ha cometido la Iglesia durante todos estos años, de las faltas que han propiciado las hermandades y cofradías… todas ellas sin esconderlas, sin taparlas, sin borrarlas y sin dejarlas en el olvido, sino afrontándolas.  Es hora de dejar de mirarnos el ombligo y mirar al frente con decisión y creyendo en lo que creemos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si miramos a nuestro alrededor, ¿podemos contar a los verdaderos cofrades con los dedos de una mano? Estoy hablando de cofrades en el estricto sentido de la palabra: gente que trabaja todo el año y en la sombra por su hermandad y sus titulares, con auténticas convicciones cristianas y siguiendo fielmente la obra y palabra de Jesucristo.  Fuera quedan los penitentes, costaleros o nazarenos de un día o, máxime, 3 meses que duran las vísperas. No nos engañemos hermanos cofrades, cada vez somos menos y lo seguiremos siendo.  ¿De quién es el error?, ¿quién falla?, ¿es la Iglesia la que no nos ayuda y nos intenta mantener al margen? Lo tengo clarísimo, fallamos nosotros: los cofrades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He escuchado miles de excusas, la principal, no seamos hipócritas, que la Iglesia no quiere a las cofradías ni a las hermandades, que no nos apoyan, que no comparten esa forma de manifestar públicamente nuestra fe católica, que solo ven folclore y tambores y cornetas y parafernalias, que somos un estorbo continuo en templos en fechas señaladas… y pensar que el enemigo lo tenemos en nuestra propia casa precisamente no nos ayuda en nuestra labor cofrade. Yo estoy convencido que la Iglesia se ha dado cuenta de un tiempo para atrás de la gran importancia que tienen las hermandades en el mundo católico actual, de la capacidad de atracción que tenemos sobre los jóvenes a través de las bandas o las cuadrillas de costaleros, de la labor desinteresada sobre colectivos olvidados y de la enseñanza catequética y evangelizadora que la Semana Santa infunde sobre los pueblos, acercando la vida y obra de Jesucristo en las calles a aquellos que no quieren o no pueden asomarse a los muros de los templos o las imparticiones del clero. La Iglesia y las cofradías como miembros de ésta deben aunar fuerzas para reforzar su sitio en la sociedad y defender  sus ideas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Demos un paso al frente hermanos y no dejemos solamente en las manos de la jerarquía eclesiástica la impartición de la docencia que Cristo nos enseñó: hagamos partícipes de nuestra vocación y orgullo cofrade a todo el mundo, sin miedo y sin temor, invitándolos a la caridad que a escondidas cada hermandad realiza con su mano diestra sin que se entere la siniestra, formando a nuestros jóvenes en los valores de la fe, la esperanza y la oración,  fomentando el culto a nuestros titulares desde la más limpia devoción y fervor y mostrándonos como una Iglesia comprometida, valiente y actual que no da la espalda a la sociedad, sino que busca integrarse y formar parte de ella bajo sus premisas y convicciones y respetando a aquellos que no comparten su posicionamiento. Mientras nosotros nos decidimos si seguimos este camino o no, Cristo permanecerá esperando su Pasión y su destino en la columna de barro de Santa Clara bajo una noche oscura de azulejos, clavado en la cruz expirando en el eterno retablo barroco de la Trinidad y muriendo en su Buena Muerte en el Convento de los Carmelitas Descalzos, expirando y muriendo, expirando y muriendo, y este ciclo que dura más de dos mil años, con esa infinita indecisión y con el velo de la indiferencia tapando nuestros ojos, nunca acabará de terminarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“El prisionero nazareno al Gólgota ya ha llegado, exhausto, lacerado y con sus manos temblando, y en un pedrusco del Gólgota ha encontrado la espera de un madero que se está elevando.  El Rey de los Judíos está abrazando la cruz, suspendido por los hilos del cielo del mundo, es un Cristo que habla en andaluz y exhala su aliento desde un cuerpo moribundo. “Padre, mi espíritu a tus manos encomiendo”, grita al mirar la tempestad, expirando su último aliento, para cumplir y firmar su voluntad. La lanza de Longinos cruza el costado, cuando sus párpados miran al suelo inerte, el cordero de Dios recién sacrificado, parece dormir su Buena Muerte.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En nuestras manos está que la Semana Santa y el carisma cristiano y cofrade siga siendo nuestra mayor gloria. Seamos cofrades, hermanos, sigamos siéndolo, porque Dios no sólo nos ha regalado la fe, sino también las hermandades y cofradías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LAS VISPERAS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sonido de la pólvora se difumina en el cielo azul durante los nueve días posteriores en que los magos dejaran al niño envuelto en pañales sus presentes en la portada de Santa María. Las polvorientas palmas de color amarillo pálido desafiando la gravedad desde los cierres y balcones van retomando de nuevo ese color dorado de las capas de raso del Domingo de Ramos. La Virgen de los Remedios desde la penumbra de su hornacina en el Reloj intenta adivinar a qué cofradía pertenecen los capiruchos que aparecen desde la calle Muñoz Garnica en un dispar trasiego sin final. El incensario y la naveta vuelven a darnos la receta para que en las Fiestas y Funciones de nuestros titulares se haga una nube de incienso y se expanda por los altares. La ceniza de la cuaresma ya mancha con un aspa nuestras frentes marchitas junto al regalo de Vasallo con el Dulce Nombre de Amargura. Las golondrinas del pendón de la Buena Muerte van trenzando las espinas para coronar a nuestros Cristos por nuestras calles y esquinas. Las frías noches de febrero tienen como banda sonora el golpe de los palillos con el tambor y la fusión de unos labios con la boquilla de la corneta.  En San Pablo por San José un olivo refugia su Esperanza cuando el ángel confortador arquea el cáliz tras su espalda.  Las Monjas Carmelitas doran en su obrador las piedras de la calle Montiel con el templado sol y les dan brillo con sus pinceladas de miel. Los costaleros de la Gracia del Lunes Santo y Los Dolores de Jesús marcan los pasos del delicado ballet que protagonizaran las bambalinas y los varales con el que agasajaran a la Señora que cubren con su palio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos estos momentos que empañan la ciudad de un calor nacido desde los adentros de nuestro mundo semanasantero forman parte indispensable en el ceremonial común para preparar la gran catequesis plástica que conforman nuestros cultos y procesiones. Si por algo la Semana Santa no es una semana es por estos prolegómenos y sus vísperas que nos hacen reencontrarnos con nosotros mismos poco a poco, ser fieles a nuestra forma de vivir y nos preparan para recibir los días grandes de la Pasión del Señor. Estamos en la antesala de la obra más bella jamás narrada por el testamento ubetense. Es la manera de sentir y gestar una tradición que se repite año tras año escrupulosamente, pero siempre de una manera distinta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es la hora de ser empachosos e impacientes con nuestras madres y mujeres para que saquen las túnicas de los armarios y de los cofres y las cuelguen y se aireen y se planchen y estén listas y preparadas para su día grande.  Dan ganas de arrancar todas las hojas del calendario y que se ponga por decreto que mañana por la mañana a quien no estrene algo se les caigan las manos. Es la imposible virtud de la espera cuando las palomas cantan en la Plaza de San Pedro la protestación de fe de una naciente primavera. Es seguir el décimo primer mandamiento de todo buen cofrade ubetense: registrarse en el foro “Cruz de Guía” y meterse para ver qué se cuece todos los días y qué ocurre en cada cofradía. Es un continuo trasiego para ir al Métrico a por la tela subiendo y bajando la Trinidad y a la modista para tomarnos medida de la túnica de nuestra hermandad. Es buscar sin encontrar en el Rayo o en Gámez unas esparteñas blancas, unas sandalias o unas bambas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de todo esto hermanas y hermanos, ¿quién dice que la Semana Santa es igual todos los años? Que digan lo que quieran, pero gracias al Señor y a su madre Bendita, nosotros los cofrades la disfrutamos. Y seguiremos disfrutando año tras año, porque mañana, todo será distinto:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“La Banda ha dejado atrás la Calle de Madre de Dios y entre solos de corneta, fliscornos y palilleras suena “Laudate Dominum” tras el crujío de las trabajaderas. Quinto Cornelio manda callar a la Jerusalén ubetense, y un pueblo ensimismado no puede hacer más que mirarle y enmudecerse, ¡oh reo de muerte!, los costeros que marca el “Chico” no alivian el punzón de esas espinas que se clavan en tu frente; Y te vas buscando a Sor Filomena, tu clarisa, al dejar atrás la esquina de la plaza de Santa Teresa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero este año no vas sólo Sentenciado. Tras el bordado del simpecado va a cruzar la madera de lado a lado un palio que de la noche la va cobijando.  Y por el intradós aparecen los varales de plata fina que rozan suavemente las borlas y las bambalinas. Y Úbeda presume sus Penas por esa firma de Pilatos que rubrica esa injusta condena. Y apareces tú María, con tus lágrimas acariciando tus mejillas, limpiando el dolor de una preciosa chiquilla, elevada sobre la orfebrería de tu canastilla. ¿A quién suplicas con tu mirada al cielo, Penas, bajo el granate del terciopelo? ¿A quién se dirige tu voz, Penas, cuando el silencio es atroz y tu quebranto te desespera?, ¿A quién acoges en tus brazos, Penas, si no caerá  en tu regazo hasta que la cruz decida el fin de tu espera? Y pisas por primera vez el trigo del Molino de Lázaro iluminada entre candeleros que revolotean como pájaros. En la noche ya se hace tarde, pero  tus nazarenos giran su cuello para buscarte, por fin les acompaña su Madre, y no pueden dejar de mirarte. Lento sonido en tu caminar, lento paso en la calle, tras notas de “Amarguras” y el duelo de “Virgen del Valle”. ¡Acunad a esa niña sus Penas, costaleros, en una eterna chicotá! Pena, Bendita Pena, cuando paseas María, por Úbeda en la madrugá.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA FAMILIA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de los principales valores al que a menudo hago referencia como base indispensable de nuestro carácter humano y cristiano es, por supuesto, la familia. Son tiempos de crisis para esta institución que no necesita de firmas notariales ni contratos para vincularnos a ella y no por vistas a su desaparición, todos nosotros somos miembros de alguna en particular, sino porque su idiosincrasia se ha enajenado hasta atrofiar su propia esencia. Aquí también tenemos que estar dispuestos y predispuestos cofrades a hacer de la familia esa unidad básica para el ser humano y la sociedad en general, porque sobre la familia asistimos a nuestras primeras clases, sobre la familia damos nuestros primeros pasos en el camino y sobre la familia respiramos los primeros suspiros de la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si en esa familia descuidamos el ejercicio del respeto hacia nuestros mayores, la comunicación recíproca entre padres e hijos o la educación cimentada en el trabajo o la tolerancia que la ha caracterizado desde siempre, ¿en qué estamos convirtiendo el futuro hermanos?, ¿qué intentamos cosechar si no sembramos sobre tierra fértil?. Mantengamos una familia unida, basada en los principios del amor, el cariño y el aprecio; nunca nos arrepentiremos de haber dedicado nuestro tiempo en la escucha de nuestras esposas y maridos, abuelos e hijos. No olvidemos que con la familia ocurre como otros tantos aspectos en la vida: hasta que uno no se encuentra lejos de ella o se pierde, no se aprecia su incalculable valor, y María nos lo recuerda en su eterna lección de entrega cuando una cruz negra sobre capas blancas la guían hacia el Calvario en la tarde del Viernes Santo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A su lado te recostabas&lt;br /&gt;Tras dejarlo envuelto en pañales&lt;br /&gt;Y embelesada quedabas&lt;br /&gt;Contemplando los manantiales&lt;br /&gt;Que brotaban de su mirada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con su vida en tu mente sobrescrita,&lt;br /&gt;Despertabas en su lecho.&lt;br /&gt;Con su pulgar en la boquita&lt;br /&gt;Acurrucado en tu pecho&lt;br /&gt;Y un campo de amapolas bonitas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y hoy lo tienes en tu brazo,&lt;br /&gt;Delante de tus ojos.&lt;br /&gt;Un lirio pálido acostado&lt;br /&gt;Y alrededor unos despojos&lt;br /&gt;De un cuerpo descoyuntado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí yace tu hijo, Madre,&lt;br /&gt;Aquel niño que en la carpintería&lt;br /&gt;Ayudaba a su padre&lt;br /&gt;Y te mostraba cuánto te quería&lt;br /&gt;con la luz de su semblante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuéntame Cristo dormido&lt;br /&gt;¿Dónde se esconde la muerte&lt;br /&gt;Si cuando yo a ti te miro&lt;br /&gt;Veo vida en piedras inertes&lt;br /&gt;que permanecen en el olvido?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Acaso sientes el quejido&lt;br /&gt;De la mano que enjuaga&lt;br /&gt;Tus pies malheridos,&lt;br /&gt;La sangre de tus llagas,&lt;br /&gt;Tus ojos escondidos?.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Señor te esperamos despierto&lt;br /&gt;Tu madre que te mira y llora&lt;br /&gt;Y este mundo en desconcierto&lt;br /&gt;Que tu resurrección implora&lt;br /&gt;Lleno de tinieblas y desaliento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bendice la cosecha y la mies&lt;br /&gt;Que tus hijos están sembrando&lt;br /&gt;Cristo de las Angustias&lt;br /&gt;Cuando te elevan sobre sus pies&lt;br /&gt;La tarde del Viernes Santo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por todo lo anteriormente mencionado, uno de mis anhelos ha sido siempre crear una familia cristiana y, sobre todo, cofrade. Cuando la mentalidad confusa de la adolescencia deja paso a los primeros claros de la madurez y ves como pasa el tiempo y algunos amigos que conoces desde hace años van tomando la alternativa en plazas de primera categoría relacionadas con noviazgos, casamientos e incluso paternidades y uno aún no ha dado ni siquiera el primer capotazo, la cabeza empieza a moldear conjeturas relacionadas con estas lides y a preguntarse sobre qué esperas buscar y encontrar cuando llegue el momento de colocarse la montera y tomar la muleta.  Conociéndome a mí mismo como me conozco, y comentándome mi círculo de amigos más cercanos aquí presentes el nivel de obsesión que alcanzo con todo el mundillo vinculado con la Semana Mayor, me preguntaba: ¿Javi, qué mujer sería capaz de soportar el castigo que conlleva estar contigo si durante todo el año estas afectado por esa continua e interminable demencia?.  Y saqué en claro que tenía sólo dos alternativas si no me quería ver como Paco Santacruz en unos años: o encontraba una mujer con una infinita paciencia (algo muy, muy, muy difícil en estos tiempos) y con gustos cofrades a nivel “usuario” por lo menos, o cambiaba mi forma de ser y dejaba esta pasión desmedida en un quinto plano. Esto último lo deseché a los dos segundos de que saliera de mi cabeza, y no cabía otra que esperar el milagro de la primera opción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero  ocurrió y de la forma más extraña: La dicha quiso dejármela San Miguel casi sin querer hace apenas seis años, y la verdad es que ese milagro pintaba con unos trazos un poco complicados de entender: aunque su nombre sonara a Gloria y sus ojos verdes me encandilaran hasta la locura y me guiasen por la Calle de la Amargura, ella vivía en Valencia (una valenciana – me decía a mí mismo - , con lo raro que se hace el acento de las personas que me hablan con todas las “eses”), estudiaba magisterio para opositar al cuerpo de maestros  de la Generalitat en su ciudad de residencia, Mislata (¿yo en Valencia? – me repetía - si yo soy más de Úbeda que los ochíos, ¿que se me ha perdido a mí allí?), y encima no conocía mucho la Semana Santa de Úbeda (bueno, - me volvía a repetir- entonces con quién voy a hablar todos los días sobre qué novedades podrían aparecer en nuestras hermandades las próximas Semana Santas? Esta niña seguro que su máxima ilusión es ponerse el traje de fallera en Fallas e irse a Benidorm desde el Jueves Santo hasta el Lunes de Pascua. Nada de nada, esto se va a quedar en aguas de borrajas, no merece la pena tanto sufrimiento por esta señorita). Pero cuál mi sorpresa que aún con la incertidumbre y el desconcierto, después de hablar y conocernos un poco más, la niña me cuenta esto (que conste que sin ningún tipo de coacción):&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- “Yo nací en Úbeda y me siento andaluza, de hecho mi madre vivía en una casa en la Plaza Vázquez de Molina y mi padre era seise de la Capilla del Salvador, donde se casaron, pero por motivos laborales tuvieron que irse a vivir a Valencia. Yo soy hermana de la Expiración desde chica, como mis padres, mis abuelos y mis tíos, “Los Sánchez”, que son muy conocidos en los ambientes de la hermandad, y por nada del mundo me pierdo la salida de mi Cristo aunque coincida esa Semana Santa con las Fallas, porque muy fallera no soy la verdad, estoy harta de los petardos, incluso me dan miedo”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esos momentos los ojos se me abrieron como platos y me dije: “”josú”, parece que la cosa no pinta tan mal como parecía: vive en Valencia pero no le gustan Las Fallas, se siente ubetense hasta la médula y es amante de su hermandad, familia con tradición cofrade, en fin, parece que el nivel “usuario” lo cumple. Solo, entre comillas, hace falta que aguante mi extremismo. Y como prueba final, durante todos estos años de noviazgo, la he sometido a los más duros exámenes de paciencia con unos resultados más que satisfactorios: me ha acompañado a ensayos de costaleros, siempre ha estado en Úbeda desde el primer Miércoles Santo para ver a mi querida Hermandad hacer su Estación de Penitencia en las calles de Úbeda (de hecho este año creo que va a pillar un virus de aúpa y le va a impedir ir a trabajar ese día, según me cuenta ella), ha escuchado cientos de marchas cofrades en el coche o en el ordenador sin decir ni pío, ha asistido a desmontajes de pasos, tertulias cofrades y visitas a talleres de escultores, ha visto las procesiones las veces que hicieran falta sólo para verme a mí disfrutar aunque tuviera que llevar unos cuantos pares de zapatos con suela lisa de repuesto en su bolso, es la primera en ir corriendo a buscar sitio para ver la General del Viernes Santo en primera fila y no perdernos ningún detalle… Y lo más importante: todo ello nacido desde su voluntad, cortando ataduras, sin que saliera una sola palabra de mi boca. Sabe que la Semana Santa de Úbeda es mi única pasión, y respeta y comparte todos sus momentos con la misma ilusión con la que los saboreo yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ella se cumplen los dos requisitos que tanto necesitaba y tan difícil veía encontrar. La única pega que tienes cariño es que no vives en Úbeda, pero bueno,  también tenía que poner yo algo de mi parte, ¿verdad? Ese es el único detalle que te falta para ser perfecta, aún así, tampoco es bueno serlo. A veces me imagino a mi hija vestida de nazarena con su caperuz crema y su túnica y su capa de sarga verde alemán o a mi nene vestido de costalero en los brazos de su padre mientras sube al cielo al Rey del Miércoles Santo, pero bueno, esa es harina de otro costal. Al menos el afán de poder crear una familia cofrade y unida, con ella, es una realidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MARIA SANTISIMA DEL AUXILIO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi historia personal con nuestra amantísima Madre es, para mí, uno de los tesoros que Dios me ha regalado y que con más celo guardaré durante toda mi vida. Voy a intentar narrar lo inenarrable, voy a intentar poner palabras a unas sensaciones indescriptibles porque hay veces que, por mucho que lo intentes, las letras no pueden reflejar todo el contexto que sus historias pretenden contar. Así comenzó nuestra íntima historia:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras realizar nuestra Hermandad su primera Estación de Penitencia en la calle y llegar ya de madrugada al Colegio Salesiano, las personas que desde un principio estuvimos en el nacimiento de la Hermandad en unos bajos de la Sede del Santo Entierro en la Calle del Trillo, sentimos que ese niño que acabábamos de dejar en la cuna esa tarde de primavera había empezado desde ese Miércoles Santo a caminar solito; el pueblo de Úbeda nos agasajó con todo el calor que esta bendita tierra nos puede ofrecer y ya teníamos un hueco dentro de la Semana Santa de nuestra ciudad. Los objetivos se estaban cumpliendo poco a poco a base de mucho sacrificio y empeño: llegó la aceptación en el seno de la Congregación Salesiana andaluza, la posterior Erección canónica aquel día de Cristo Rey en Jaén con la consecución del título de Hermandad por la Diócesis, la venida de nuestro Cristo, realizamos nuestra primera procesión por las calles ubetenses…y claro, después de conocer como conozco a mi querido hermano Ángel, sabíamos que después de este paso teníamos que dar el siguiente; él tiene como base una célebre frase del gran poeta Antonio Machado: “caminante, no hay camino, se hace camino al andar”. Y esa frase nos las grabó a todos los integrantes de su Junta de Gobierno a fuego lento, cabildo tras cabildo, reunión tras reunión, sin que apenas nos diéramos cuenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para mí hablar de Ángel, fundador y primer Hermano Mayor de nuestra Hermandad, es hablar de mi hermano, de mi amigo, de una persona que aprecio de una manera suprema y a la que jamás podré agradecerle todo lo que me ha regalado sin pedir nada, absolutamente nada a cambio. La mayoría de vosotros lo conocéis y lo sabéis: ha sido el corazón que con su sístole y diástole nos ha bombeado a todos su fuerza, su lucha y todo el cariño necesario para que la Hermandad del Prendimiento hoy sea una realidad. No nos une la misma sangre hermano, pero nos unen los mismos latidos de nuestros corazones. Te doy desde aquí las gracias de nuevo Ángel por dejarme a tu lado todos estos años. Gracias por ser el ángel que, tras decir la palabra “Malco”, me guió a este paraíso. Gracias por ser mi hermano y haberme querido a tu lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que, a andar se ha dicho, y para ello teníamos que dar el siguiente paso: tenía que  salir desde nuestros corazones hasta su casa en Úbeda nuestra Madre María Santísima  del Auxilio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya teníamos a nuestro Señor con nosotros acompañándonos cada día…ahora nuestra Virgen..., que difícil se veía todo y cuánto la deseábamos también. Pero un día, en ese camino que anduvimos, Ella nos enseñó un cruce con una señal que nos dirigía hacia Sevilla, a un pueblecito cercano a la capital, Gínes, y al final una Villa llamada “Guadalupe”, como nuestra Patrona, donde vivía unos de los mejores artistas  de la historia reciente de España. El nombre de “Guadalupe” nos sugería algo especial, y decidimos seguirla, y al entrar en ella supimos que bajo su techo vivía un imaginero salesiano, mariano y que con sólo escuchar la advocación de nuestra Madre le brillaron los ojos de una manera especial a pesar de su extensa y gloriosa trayectoria profesional. La indicación que nos mandó era clara: en ese estudio repleto de gubias y pinceles y con el golpe de muñeca de Álvarez Duarte Ella quería llegar y  tomar forma en la viva madera. Y, como siervos que somos suyos, así lo hicimos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día 25 de junio de 2006 comenzaba la cuenta atrás. Ese día D. Luis tenía en el centro de una pequeña salita repleta de recuerdos y homenajes una pieza de cedro sobre la cual descansaba una ramita de romero y un rosario con la cara de nuestro Señor Prendido. Era el día del primer golpe de gubia a esa pieza recién bendecida por nuestro Director Espiritual Rafael María, y ninguno queríamos perdernos ese momento. Y D. Luis, con su martillo y su muñeca, fue creando las primeras formas del rostro de nuestra Virgen. Alargados trozos de madera saltaban del cedro hasta el suelo con el roce de la cuchilla y, como un crío, recuerdo que me dediqué a cogerlos disimuladamente y guardarlos como oro en paño en el primer bolsillo que encontraba. ¿Cuántas veces nos la hemos imaginado? Todos la sentíamos igual y para todos era distinta. En las caras de los allí presentes no podía albergarse mayor felicidad: estábamos ante nuestra escondida y ansiada Madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde ese momento las llamadas y los viajes a Sevilla eran constantes: la paciencia a veces nos abandonaba y dejaba sitio al ansia de querer saber y ver y poner imagen a nuestro más íntimo sentimiento. Yo estaba ya en Valencia, e ir a Sevilla era cuanto menos complicado y me tenía que conformar con las llamadas telefónicas o las conversaciones por Internet con Ángel y otros afortunados que habían podido viajar a menudo a la capital hispalense para verla casi ya terminada:   -“Es preciosa Javi”, decían unos. - “No sé qué decirte, no puedo describirlo, no he visto nada igual”, decían otros. – “Es Ella Javi, es Ella”, me decía Ángel. Y yo me respondía “Venga, vosotros seguid dejándome los dientes largos y los nervios a flor de piel”, pero bueno, me conformaba con una pequeña foto impresa en color de su perfil casi recién terminada de gubiar en mi cartera junto a una estampa de Su Hijo. Qué envidia sentía en esos momentos, pero también sabía que la espera tendría su recompensa, ¡vaya si la tuvo!.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y llegó el día marcado en rojo en las hojas del calendario del corazón, el día anhelado y esperado durante tantísimo tiempo. Las navidades del año dos mil ocho apenas acababan de dejar las cumbres de los cerros cuando me desplazaba para Úbeda con la mirada fija en aquel viernes once de enero, el día fijado para encontrarnos en Sevilla después de una interminable espera, por fin, Ella y yo. La fotografía que me retrataba aquel día lo hacía con un aura de nerviosismo, inquietud y con una extraña rareza, se me hacía utópico poder respirar esos momentos tan ansiados y ese día ya reales. Fue una jornada intensa: debíamos de recoger las flores, cirios, ánforas, Su corona, Su saya y Su Manto y sentíamos que nos faltaba tiempo para hacer todo lo previsto y llegar a la hora concertada a nuestra cita en Guadalupe … cada vez que teníamos en nuestro poder Su ajuar en las manos íbamos tomando mas constancia de la grandeza que abarcaba ese día en nuestra historia. La noche se iba haciendo cada vez más fría y el sol decidió buscar cobijo en las entrañas de Andalucía. Todo estaba listo, “¿ya no faltaba nada más verdad?”, nos repetíamos constantemente para tranquilizarnos y hacernos la idea de lo que dentro de unos pocos minutos íbamos a presenciar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y por fin llegamos a Gínes. Salí de esa furgoneta gris totalmente acondicionada para que el viaje de María del Auxilio a Úbeda fuera lo más seguro y acogedor posible. Mi lugar estaba estratégicamente seleccionado: en el asiento trasero que estaba justo delante del cajón que posaría la imagen de nuestra Virgen, para no perderla de vista en todo el camino de vuelta y mimarla y que no le ocurriera ningún imprevisto. Ángel llamo al frío timbre de la casa del maestro y  nos miramos unos a otros con una tímida sonrisa que dejaba entrever la  ilusión contenida. Dentro del jardín  se escuchaban los sonidos de una chapa que provenían de las rejas que Don Luis con su eterna bata blanca abría para que Ángel pudiera meter el vehículo en el porche. Don Luis se quedó como un curtido soldado escolta de nuestra Señora junto a la puerta entreabierta que separaba su pequeño estudio con el porche. Miraba, reía y nos animaba a acercarnos a esa puerta que evitaba el cruce de su mirada con las nuestras. Ahora sí que sí, el destino se estaba escribiendo con letras de oro. Y la divina mano de Don Luis empuñó el picaporte, empujó la madera y, en ese mismo momento, Ella bajó del cielo y se hizo la luz. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nadie pudo contener las lágrimas y nadie pudo evitar no quedarse con la boca abierta, embelesados, absortos, perdidos entre esas cuatro paredes donde se encontraba el paraíso que nos narraban los Evangelios. Ahí estaba Ella después de tantos sueños, después de tantos suspiros, después de tantos esfuerzos. Los que tuvisteis la dicha de estar ahí sabéis muy bien de qué os estoy hablando, o si no que se lo digan a nuestra hermana María, Tiky, qué “panzá” de llorar se metió la “pobrecica” mía. Recuerdo con muchísimo cariño esa estampa. Tiky desde un principio tenía claro que ella no iba a consentir que le enseñáramos ni fotos de perfiles, ni bustos, ni el más mínimo detalle de María Santísima del Auxilio hasta que no estuviera terminada la imagen y ella la pudiera ver en Sevilla el día de su recogida. Pues bien, en esa tarde Tiky estaba escondida en un rincón junto a Don Luis, casi daba la impresión de que no era capaz de poder mirar al frente, pero le echó coraje, levantó su cara hasta ese momento acariciada por una voluminosa bufanda, miro Sus ojos y, al instante, se giró y se puso a llorar como una Magdalena. ¿Cuántas vivencias pasarían por su mente en aquellos instantes, en una persona totalmente entregada al espíritu salesiano desde pequeñita y fiel devota de María Auxiliadora hasta cuando dormía en su cuna?  Se las ha guardado para ella, al igual que todos nosotros la primera vez que vimos a Nuestra Madre. Seguid guardándolos hermanos, porque esa es una de las poquísimas cosas en este mundo que nadie os podrá quitar nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada vez que te recuerdo mi princesa&lt;br /&gt;una tormenta de amor me lleva&lt;br /&gt;rezando el rosario de tu candela.&lt;br /&gt;Cada vez que te miro eres más bella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te asomaste desde tu cielo a mi suelo,&lt;br /&gt;Me citaste ante tu majestad al alba,&lt;br /&gt;Tomé tu pañuelo al vuelo,&lt;br /&gt;Que dejaste caer desde la tierra de la Giralda.&lt;br /&gt;Y te presentaste ante mí  tan hermosa,&lt;br /&gt;Iluminada entre los sollozos del nácar de tu velas,&lt;br /&gt;Bajando la escalinata de tu palacio de rosas;&lt;br /&gt;Y es que cada vez que te miro eres más bella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te he soñado tanto y de tantas maneras&lt;br /&gt;Acunando a la luna bajo las estrellas,&lt;br /&gt;Sintiendo tu calor de primavera.&lt;br /&gt;Buscando tu rostro entre mis tinieblas.&lt;br /&gt;Eterna soberana de corazones salesianos&lt;br /&gt;Dulce dama y sutil doncella,&lt;br /&gt;Brisa del viento que enciende mis labios;&lt;br /&gt;¿Por qué cada vez que te miro eres más bella?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me agarras al socorro que nace de tu boca,&lt;br /&gt;Das calor con el manto de tu bóveda celeste,&lt;br /&gt;Permite a este siervo que te evoca,&lt;br /&gt;Que nunca deje de amarte ni  quererte.&lt;br /&gt;Guía mi barca a tu puerto,&lt;br /&gt;Faro de marfil y bruñida estrella&lt;br /&gt;Virgen Santísima y Reina del cielo;&lt;br /&gt;Mi Señora, cada vez que te miro eres más bella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Postrándome a tus plantas de azucenas y sedas,&lt;br /&gt;Señora de los ángeles de tristeza serena,&lt;br /&gt;Siento el cristal de tus lágrimas,&lt;br /&gt;Resbalándose eternamente por mis venas.&lt;br /&gt;Bendita la gubia que cinceló tu abrazo,&lt;br /&gt;Bendito el pincel que grabó en mi alma esta huella,&lt;br /&gt;Benditas las noches que te he estado esperando,&lt;br /&gt;Cada vez que te imaginaba, mi Reina, eras más bella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dios te salve Virgen María Inmaculada,&lt;br /&gt;no me dejes en este dulce delirio,&lt;br /&gt;Y llévame siempre en la miel de tu mirada:&lt;br /&gt;MARIA SANTISIMA DEL AUXILIO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;HE DICHO.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7252554915628563380-659698689392950209?l=prendidoenubedavexhortacion.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://prendidoenubedavexhortacion.blogspot.com/feeds/659698689392950209/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://prendidoenubedavexhortacion.blogspot.com/2010/04/introduccion-quiero-comenzar-este-acto.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7252554915628563380/posts/default/659698689392950209'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7252554915628563380/posts/default/659698689392950209'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://prendidoenubedavexhortacion.blogspot.com/2010/04/introduccion-quiero-comenzar-este-acto.html' title=''/><author><name>Prendido en Úbeda</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14113236419952578930</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
